NUESTRA HISTORIA
Los orígenes de Nyssen Capital se entrelazan con la historia de dos familias judías emprendedoras: los Nissim (Nyssen) y los Schmill. La familia Nissim tiene raíces en el califato de Al-Ándalus, donde sus antepasados sirvieron como consejeros financieros de la corte.
Tras la expulsión de los judíos de España en 1492, sus descendientes migraron al norte de Europa, estableciéndose en Hamburgo y luego en Limburg (Alemania). Por su parte, la familia Schmill, de origen ashkenazí, prosperó en Europa Central. Don Simón Schmill, miembro de esta familia, fue nombrado cónsul del Reino de Prusia ante el Imperio Otomano hacia 1795, asentándose en Constantinopla (hoy Estambul). Simón contrajo matrimonio con una integrante de la familia sefardí Conorte de Italia, uniendo dos ricas herencias culturales. Convirtiendose los Schmill miembros ilustres de la comunidad judía sefardí de la capital del imperio otomano. Ambas ramas familiares se establecieron en Constantinopla, la capital imperial, donde fusionaron su tradición sefardí y ashkenazí en un nuevo entorno cosmopolita.
Tradición financiera internacional y
dipolmacia imperial
En Constantinopla, la familia Schmill ocupó posiciones de gran importancia. Por designación del sultán, durante cinco generaciones en línea directa –de Don Simón Schmill hasta Don Miguel V. Schmill Wetter– los Schmill fueron nombrados sarrafs por nombramiento del súltan (“courtier de change”), es decir, corredores de cambio y banqueros autorizados de la corte otomana.
Este cargo era clave en la economía pre-bancaria del imperio: los sarrafs administraban el cambio de divisas, el crédito estatal y las transacciones internacionales, gozando de privilegios legales, licencias exclusivas y la protección del soberano (no éxitian bancos centrales y las transacciones se llebaban cuidadosamente en libros). Al mismo tiempo, los Schmill representaron diplomáticamente a Prusia como cónsules ante la Sublime Puerta. Gracias a estas funciones duales –financieros de confianza del sultán y cónsules prusianos– la familia alcanzó un notable prestigio y tejió relaciones directas con la corte imperial. Este periodo de casi dos sigloes años de actividad financiera internacional cimentó la tradición banquera de la familia, de la cual aún se conservan documentos que registran complejas transacciones multilaterales de la época.
El inció de la tradición empresarial
El miembro más destacado de estas generaciones tempranas fue Don Vitale Schmill, bisnieto de Simón y patriarca empresarial de la familia. En 1868, Vitale fundó en Constantinopla la firma V. Tiring & V. Schmill, una casa de alta costura para caballeros que se convirtió en la primera empresa comercial global de la familia. Con sucursales en Viena, Berlín y Esmirna (Izmir), y oficinas centrales en la calle Yüksek Kaldırım del distrito de Galata en Estambul, la tienda de Don Vitale ganó renombre en Europa y Oriente Medio por la calidad suprema de sus trajes y telas. Junto a su socio, Don Vittorio Tiring, inauguró lujosos grandes almacenes, destacando uno en El Cairo que llegó a ser el más grande de Egipto en su época. Entre la clientela de Vitale figuraban miembros de la familia del sultán otomano, la influyente familia bancaria Camondo (amigos cercanos de los Schmill) y numerosos nobles y empresarios de distintos imperios. El éxito de Don Vitale Schmill sentó un precedente de visión global, calidad y valores empresariales para sus descendientes.
Comunidad
Paralelamente a su faceta empresarial, la familia de Don Vitale formó parte de la próspera comunidad judía italiana de Constantinopla, conocida como Yahudi Italyan. Caracterizada por su educación europea y estrecha relación con el palacio del sultán, esta comunidad sefardí occidental –a la que pertenecían familias prominentes como los Camondo– se autodenominaba “franco-sefardí”. Los Schmill se integraron plenamente en ese entorno cultural cosmopolita. La sinagoga familiar, llamada “Kal de los Franco”, se erigió cerca de la emblemática Torre de Gálata, y varios miembros ilustres de la familia Schmill fueron sepultados en el Cementerio Judío Italiano de Şişli (Estambul), terreno otorgado por decreto del sultán. Las lápidas, inscritas en francés, italiano y hebreo, dan testimonio de esta rica herencia multicultural. Entre sus miembros se encontraban las familias Camondo, Franco, Allatini, Modiano, Gubbay, Franchetti, la mayoría de ellos grandes banqueros y empresarios.
Unión de legados familiares: NYSSEN-SCHMILL
La historia de Nyssen Capital también fue moldeada por la unión de las familias Schmill y Nissim. Doña Seraphine Schmill Wetter, hija de Don Vitale Schmill, contrajo matrimonio con Don Samuel Nissim (cuyo apellido posteriormente se castellanizó a Nyssen). Samuel Nissim, nacido en Limburg (Bélgica) en una familia de banqueros ashkenazíes, era un empresario con alcance paneuropeo: fundó y dirigió la firma Nissim & Co. (Nyssen & Co.), una compañía comercial con oficinas en Berlín, Londres, Bruselas, Viena e Istanbul, proveedora de mercancías a embajadas y consulados en varios países. Este matrimonio entre Seraphine y Samuel, que combinó la tradición sefardí-italiana de los Schmill con la ashkenazí-germana de los Nissim, forjó la saga familiar Nyssen-Schmill.
Radicados en Constantinopla a finales del siglo XIX, la pareja tuvo cinco hijos: David, Alejandro Samuel, Francisco (“Franco”), Enrique (“Enriko”) y Clara Nyssen Schmill. Gracias al entorno cosmopolita en que crecieron –expuestos desde niños a múltiples idiomas, viajes y negocios internacionales– estos hermanos desarrollaron una perspectiva global poco común para su época. De hecho, Alejandro Samuel llegó a dominar once idiomas con fluidez, reflejo de la intensa formación multicultural que recibieron. Este bagaje sería crucial para los nuevos rumbos que la familia emprendería en el siglo XX.
Migración y establecimiento en México
A inicios del siglo XX, la estabilidad de la que gozaba la familia en Estambul empezó a tambalearse. La Revolución de los Jóvenes Turcos (1908–1909) trastocó el orden en el Imperio Otomano, seguida por el estallido de la Primera Guerra Mundial (1914–1918), que culminó con la derrota y desintegración del imperio. Al mismo tiempo, en Europa emergieron nuevos estados y se intensificaron oleadas de antisemitismo. Estos acontecimientos crearon un clima incierto y peligroso para la próspera comunidad judía de Constantinopla. Ante el panorama adverso, la familia Schmill–Nyssen tomó la valiente decisión de buscar un futuro en el extranjero, salvaguardando su legado empresarial ante la incertidumbre en su tierra natal.
El salto hacia América – y en particular hacia México – marcó el inicio de un
nuevo capítulo para la familia. Uno de los primeros en emigrar fue Don José Vitale Schmill Wetter, hijo de Don Vitale. Visionario y emprendedor, José fue el primero que se estableció en la Ciudad de México a finales de 1800s en plena apógeo porfiriano. Apoyado en su experiencia comercial internacional, introdujo en el país una tecnología revolucionaria de la época: se convirtió en el distribuidor general y exclusivo de los fonógrafos Victor “Máquina Parlante Victor” (Victrolas), de la Victor Talking Machine Co. (posteriormente se fusiona con RCA Victor), para toda la República Mexicana. Don José abrió tiendas y salas de demostración de fonógrafos y discos, causando furor por la música grabada y permitiendo que innumerables familias mexicanas tuvieran acceso a la música en sus hogares por primera vez.
Uno de sus principales socios comerciales fue un joven distribuidor llamado Emilio Azcárraga Vidaurreta, quien años más tarde adquiriría el negocio de distribución de fonógrafos de José Schmill cuando Victor se fusionó con RCA, utilizándolo como base para construir su propio imperio mediático (que eventualmente se convertiría en la XEW y Televisa). Gracias a su espíritu pionero, José V. Schmill se consolidó como uno de los empresarios extranjeros más importantes del México postrevolucionario, tendiendo un puente temprano entre la innovación tecnológica global y el mercado mexicano.
Animados por el éxito de su tío José, otros miembros de la familia siguieron sus pasos en las décadas siguientes. Entre 1909 y 1914, los cuatro hermanos Nyssen Schmill –David, Alejandro Samuel, Enrique y Francisco– emigraron también a México, encontrando acogida en una creciente comunidad de inmigrantes. Existe una fotografía de la época en la que los cuatro jóvenes hermanos posan junto a su tío José V. Schmill en la Ciudad de México, símbolo del relevo generacional en la nueva tierra prometida. Pronto, cada uno de ellos comenzaría a trazar su propia senda empresarial en el país que los adoptó. Asimismo, otros familiares se fueron reubicando en las Américas: llegaron a México Don Miguel V. Schmill y Don Roberto V. Schmill (hermanos de José), así como primos de la rama Nissim/Nyssen desde Europa –incluyendo miembros de las familias Lepkowitz Schmill y Nissim Raphael. Para mediados del siglo XX, la mayor parte de la descendencia de Don Vitale Schmill se había asentado en América (principalmente en México, Estados Unidos, Argentina, Brazil), algunos otros en Israel, asegurando la continuidad de la dinastía familiar en entornos más seguros y prometedores.
Desafortunadamente, los familiares que permanecieron en Europa sufrieron los embates de la historia. Los tíos de la familia que administraban los negocios en Viena y Berlín –Alberto e Isaac Schmill (primos hermanos de Alejandro S. Nyssen Schmill)–, junto con sus seres queridos, fueron víctimas del Holocausto en Auschwitz durante la Segunda Guerra Mundial. De igual forma, parientes de la familia Nissim que quedaron en Bélgica y Alemania corrieron la misma trágica suerte.
En Turquía, los últimos miembros de la familia enfrentaron políticas
antisemitas en las décadas de 1930 y 1940 que finalmente los empujaron al exilio. Para finales de la década de 1940, Estambul dejó de ser el hogar de la familia. Estos episodios dolorosos marcaron profundamente la conciencia familiar, reafirmando el valor de la visión a largo plazo y de la decisión audaz de emigrar que tomaron aquellos que buscaron un nuevo comienzo. La prosperidad que los Schmill–Nyssen encontraron en México se convirtió en un tributo vivo a la memoria de quienes no sobrevivieron, y en un compromiso por honrar el legado de las generaciones pasadas a través del éxito y la integridad en los negocios.
Con la familia firmemente arraigada en México, inició la construcción de un nuevo capítulo empresarial. Don Alejandro Samuel Nyssen Schmill, llegado en 1909 siendo muy joven, se erigió como el fundador de las operaciones del grupo en tierras mexicanas. Aprovechando la base creada por su tío José y su propia formación financiera, Alejandro impulsó diversos negocios en las siguientes décadas: estableció el Gran Almacén A. S. Nyssen de fonógrafos y discos en el centro de la capital, cofundó con sus hermanos la compañía El Céfiro, S.A. (elegantes joyerías, jugueterías y una de las primeras fábricas de muñecas de porcelana en México) y, crucialmente, en 1936 fundó un despacho de consultoría financiera y administrativa que llevaría su apellido “Nyssen” –que opera desde 1936 hasta hoy– brindó asesoría contable, fiscal y de gestión a numerosas empresas mexicanas y de inmigrantes, y es la semilla de la división de consultoría que aún constituye uno de los pilares de Nyssen Capital. Gracias a su ética de trabajo y excelencia profesional, Don Alejandro ganó prestigio como asesor de confianza para importantes empresarios de la naciente industrialización mexicana, sentando las bases institucionales del moderno holding.
A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, la empresa familiar, conocida entonces como Grupo Nyssen, se expandió y se diversificó bajo la guía de las siguientes generaciones. Don Francisco E. Nyssen (hijo de Alejandro) tomó las riendas a mediados de siglo, consolidando la firma consultora e incursionando en nuevos sectores como la industria textil (fábrica de corbatas Nudo Perfecto), la manufactura de aluminio, proyectos agropecuarios e inmobiliarios. Francisco también contribuyó al ámbito público: participó como consultor en la modernización de instituciones gubernamentales durante el auge petrolero de los años 70 y 80, liderando mejoras de control interno en PEMEX y reestructuraciones administrativas en entidades como CONASUPO y Liconsa. Bajo su gestión, el grupo afianzó su reputación de profesionalismo, versatilidad y ética, preparándolo para un mundo cada vez más globalizado.
En las décadas finales del siglo XX, Don Eduardo Nyssen –tercera generación de la familia en México– asumió el liderazgo. Eduardo orientó al grupo hacia la consolidación y diversificación en un contexto de globalización acelerada. Amplió los servicios de consultoría tradicionales para abarcar banca de inversión, fusiones y adquisiciones (M&A) y asesoría estratégica, posicionando al grupo como un actor financiero multifacético capaz de articular negocios complejos. Asimismo, representó al grupo en consejos de administración de diversas empresas, forjando alianzas e identificando oportunidades de expansión. Bajo su dirección, se iniciaron las primeras inversiones y filiales en el extranjero, sentando las bases de la presencia internacional actual. Reconociendo su aporte invaluable, Don Eduardo fue nombrado Presidente Vitalicio de Nyssen Capital, puesto honorífico desde el cual sigue brindando guía estratégica y velando por los principios éticos y la visión de largo plazo que distinguen a la familia.
En la actualidad, C.P. Kurt Nyssen encabeza la cuarta generación familiar en México (novena de la línea emprendedora desde Europa). Con una formación multicultural y habiendo absorbido desde joven las enseñanzas familiares, Kurt ha sido el artífice de la transformación del histórico Grupo Nyssen en Nyssen Capital, un holding global del siglo XXI. Bajo su presidencia (asumida en 2020), el grupo se ha diversificado más allá de la consultoría, lanzando y adquiriendo empresas en sectores de vanguardia como la salud, tecnología, energía, capital de riesgo, logística e infraestructura. Un hito clave fue el año 2021, cuando la empresa adoptó oficialmente el nombre Nyssen Capital para integrar todas sus unidades de negocio bajo una misma visión estratégica, honrando sus orígenes familiares a la vez que refleja su presente como actor global. Hoy en día, Nyssen Capital combina tradición y modernidad: mantiene vivos los valores legados por sus antepasados mientras explora constantemente nuevas fronteras. Con una visión verdaderamente global, Kurt Nyssen guía a la empresa familiar hacia el futuro, asegurando que un legado de más de 150 años siga latiendo en cada proyecto y compañía del grupo.